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CARTA PASTORAL PARA LA GRAN CUARESMA - 2007

Su Eminencia
MYKHAYIL
Arzobispo de Nueva York
Metropolitano de Toda América y la Diáspora
Iglesia Ortodoxa Ucraniana Autocéfala


"Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos alguno de los cánticos de Sión. ¿Cómo cantaremos la canción del SEÑOR en tierra extraña?" (Salmos 136[137]: 1-4).


Domingo de Abstinencia de Queso - Febrero 18, 2007

Queridos Heranos y Hermanas en Cristo:

Slava Isusu Khrystu! - Glory to Jesus Christ! - ¡Gloria a Jesucristo!

Con estos versos del Libro de los Salmos en las Escrituras Hebreas, la iglesia nos trae al tiempo de La Gran Cuaresma - época de arrepentimiento - la primavera que nos lleva al florecimiento de la vida en la Resurrección de Cristo.

Muchos de nosotros podríamos no estar familiarizados con el salmo anterior, o no estamos al tanto de su uso litúrgico. Podríamos preguntarnos: Asisto a la Divina Liturgia semanalmente, pero no recuerdo haber escuchado estos versos. ¿Qué tienen que ver con la época de la Cuaresma?"

Además de la Liturgia Eucarística, la cuál es la de mayor consideración por obvias razones, la iglesia tiene otros servicios que componen el día litúrgico. Durante este período de La Gran Cuaresma, llega a ser cada vez más importante que observemos estos tiempos de oración, porque es en ellos que encontraremos la gran riqueza de la sabiduría espiritual y referencias de las escrituras que nos dan las herramientas durante esta jornada de la Cuaresma.

Después de su largamente histórico desarrollo, que recorre un periodo de al menos siete siglos, la Cuaresma continúa hasta hoy para nosotros, un tiempo de renovación, refresco y de una peregrinación espiritual anual. Es tanto un tiempo de exilio y de andar errantes y un viaje con un destino específico.

El Salmo 136[137] es una canción que nos recuerda el exilio del pueblo judío en su exilio en Babilonia. Las palabras nos recuerda los sentimientos que tenían mientras eran apartados de la tierra prometida del Señor - el lugar donde ellos adoraron al verdadero Dios y donde fueron felices en la presencia de Dios. El salmista indica que aún cuando era solicitado por sus captores, ellos sentían que los cánticos de Sión - de Jerusalén, eran muy alegres y por tanto inapropiados para cantar en un tiempo en el cuál fueron separados de la tierra de su Dios.

Con este salmo, cantado en la matutina (oración de la mañana) en los tres domingos que preceden a La Gran Cuaresma, la iglesia nos introduce a este tiempo de renuevo y nos recuerda del exilio espiritual que experimentamos cuando nuestros pecados nos apartan de la presencia de Dios y nos hace andar errantes en un estado de cautividad de nuestros vicios y debilidades humanas. Precisamente por esta razón, la Cuaresma es un tiempo de andar errantes en el desierto de la reflexión y de la examinación propia, para que podamos dar un giro hacia la dirección de Dios y la observancia de sus mandamientos.

En cada Matutina de los Domingos de Cuaresma, en lugar de los textos normales que siguen a la recitación del Salmo 50[51] (un salmo de arrepentimiento), unos "troparia de Cuaresma " especiales son usados. En estos, los temas expresados en los domingos de pre-Cuaresma, la humildad, nuestro arrepentimiento y el perdón de Dios y el "juicio final" son descritos.

"Abre a mí, las puertas del arrepentimiento, Oh, Dador de Vida, porque mi espíritu se levanta temprano para orar en tu santo templo; porque mi templo corporal está todo corrupto; pero tú, Oh, Bueno, purifícame por la bondad de tu misericordia."

Al igual que el Publicano (recaudador de impuestos), venimos al templo de Dios, humillados por nuestras muchas faltas y defectos y no tenemos otro recurso que depender de la generosidad de la misericordia de Dios para con nosotros.

"Guíanos en el camino de la salvación, Oh, Madre de Dios, porque hemos manchado nuestras almas con pecados graves, y hemos desperdiciado nuestras vidas con pereza; pero con tus intersecciones, libéranos de toda impureza."

Como en el caso del Hijo Pródigo, hemos gastado nuestras vidas, nuestro tiempo y nuestros talentos con cosas que no han sido de uso sabio para nosotros. Debemos dirigir nuestros pasos de regreso a nuestro Padre celestial - a la senda que lleva a las cosas buenas para nuestras almas. Pedimos a la Madre de Dios que siempre está lista a orar para la salvación de los pecadores, para que nos ayude con sus oraciones, a purificarnos nosotros mismos de todo lo que nos distrae de Dios.

"Cuando pienso en la multitud de mis pecados, considero el temible día del juicio. Pero confiando en la amabilidad de tu bondad, como David clamo a ti: "Ten misericordia de mi, Oh, Dios de acuerdo con tu gran misericordia."

El tercer troparión nos recuerda de la escena del "Último Juicio" que se nos presenta en el Domingo de Abstinencia de Carne, cuando "los libros serán abiertos y los actos de todos saldrán a luz" (Kontakion - Domingo de Abstinencia de Carne). Jesús nos dice que lo que hacemos o no hacemos, en beneficio de las necesidades de los otros, al final será sobre eso que seremos redimidos o condenados. Tal vez este sea el recordatorio más importante de la Cuaresma - hacer nuestras vidas de tal manera que vivamos en un estado contante de conciencia de el "otro" y responder de acuerdo con eso, en armonía con el pasaje del Evangelio. Durante la Cuaresma, al igual que el salmista (tradicionalmente se cree que es David), clamamos a Dios por misericordia por las muchas veces que hemos caído escasos en la obligación de ayudar a otros, y de trabajar por la justicia, aceptación y tolerancia de aquellos que necesitan de nuestra compasión.

El andar errantes en la Cuaresma en contemplación de nuestros pecados, pidiendo el perdón y la misericordia de Dios, tratando de cambiar nuestras vidas para mejorar, nos pone en la senda correcta hacia la felicidad de Dios y hacia la salvación. Al igual que el pueblo hebreo en exilio, tenemos muchos deseos de ver otra vez, la tierra prometida de Sión - aquel lugar de destino donde la Cuaresma nos llevará. En el tiempo a mediados de la Cuaresma, la cruz es colocada frente a nosotros para venerarla, para recordarnos el peregrinaje anual a Jerusalén, para volver a vivir nuevamente, los eventos salvadores de la Pasión y Resurrección de nuestro Señor. Sin embargo, solo poniendo nuestras vidas "rectas ante Dios", podemos participar dignamente en la conmemoración del Misterio Pascual.

El arrepentimiento de la Cuaresma al final nos traerá al Sacramento del Arrepentimiento, cuando hagamos uso de contemplar nuestras fallas y debilidades, para buscar el perdón de Dios en una manera formal por medio de la confesión de nuestros pecados. Mientras que la confesión está siempre a disposición de los fieles y debería ser usada con regularidad, es particularmente en la Gran Cuaresma que debemos participar del valor sanador, terapéutico que trae esta Gracia Sacramental. Mientras que la Cuaresma fue una vez primordialmente un tiempo de preparación para el bautismo de los catecúmenos, hoy en día, es un tiempo cuando nos preparamos para participar en lo que la iglesia llama el "segundo bautismo" - el Misterio del Arrepentimiento en el cual nuestras almas son una vez más limpiadas de toda impureza.

Empezamos la Gran Cuaresma con una oración especial, encontrado en los Trebnyks eslovánicos, que resume todo el viaje en el que estamos a punto de embarcarnos. Concluye mencionando la meta y destino de esta época - la confesión de los pecados y la comunión en los Divinos Misterios de Cristo. Una oración similar también encontramos en nuestros libros, para ser recitada a la conclusión y destino de la Cuaresma - ante la Tumba Dadora de Vida de nuestro Salvador. Esta oración lista las varias maravillas que hemos presenciado durante este tiempo sagrado y una vez mas menciona la práctica de la confesión y la comunión Pascual.

La Semana de la Pasión, ese tiempo solemne después de la conclusión de los 40 dias de la Cuaresma, es el tiempo más apropiado de participar de nuestra confesión de Pascua. Ahí en la iglesia de nuestra parroquia - el templo de Dios, el cual durante la Semana de la Pasión es transformado místicamente en la santa ciudad de Jerusalén; ahí, ante la pintura del cuerpo de Nuestro Señor, colocada en el Sepulcro, estamos en la confesión de nuestros pecados, limpiados por medio de su preciosa sangre derramada por nosotros en la cruz de una vez para siempre, para liberarnos del cautiverio del pecado y la muerte. Si hemos usado el tiempo de la Cuaresma sabiamente, sentiremos la redención dada por el sacrificio y muerte de Cristo y experimentaremos la nueva vida y el refresco de su radiante Resurrección.

Animo a todos ustedes a que aprovechen de este viaje anual de la Cuaresma. Dediquen tiempo en la oración y reflexión, sacrifiquen su tiempo, talento y energía en ayunar, hacer buenas obras especialmente en beneficio del pobre y de aquellos que estan necesitados, espiritual y materialmente, contribuyan en el soporte de la buena obra de la iglesia y perfeccionen sus actitudes y usen sus voces en beneficio de la justicia por los marginados, aquellos que sufren persecución o prejuicio y aquellos cuya dignidad básica humana ha sido empañada o privada.

Mientras ustedes, amados fieles, meditan en estas cosas, llévenlas en sus corazones al templo de Dios y asistan a los servicios litúrgicos ofrecidos en sus parroquias y decanatos. A través de la oración conjunta de la asamblea cristiana y la participación en los sacramentos, nuestros esfuerzos en la Cuaresma serán reforzados y más exitosos. Como un addendum a esta carta, algunas prácticas de la Cuaresma, servicios y oraciones serán publicadas, para ayudar a todos los pastores y fieles hacer de la observancia de este año de la Gran Cuaresma y Semana de la Pasión, una de las más fructíferas espiritualmente en toda nuestra Metropolia.

Al empezar el Gran Ayuno, de acuerdo a nuestra venerable costumbre, pedimos perdón unos a otros, para entrar a esta estación con una conciencia limpia. Les pido me perdonen, su arzopastor, por mis propias faltas y debilidades, las cuales hayan podido ofender a alguno en algún tiempo y ofrezco mi paz y perdón a todos ustedes, encargándolos a todos a la gran misericordia de nuestro Dios que nos perdona. Oremos los unos por los otros, al viajar juntos en esta peregrinación de la Cuaresma.

Con mi bendición y amor en Cristo,

+MYKHAYIL
Arzobispo de Nueva York
Metropolitano de Toda América y la Diáspora
Iglesia Ortodoxa Ucraniana Autocéfala

Para ser leída en todas las parroquias e instituciones de nuestra Metropolia en el Domingo de Abstinencia de Queso, Feb. 18, 2007.

"Hermanos, miestras ayunamos corporalmente, * ayunemos también en espíritu:* soltemos todo vínculo de injusticia, * despedacemos las fuertes cadenas de la violencia; * rompamos toda aseveración injusta; * demos pan al hambriento * y acojamos al pobre y al desamparado en nuestras casas * para que podamos recibir de Cristo nuestro DIos Su gran misericordia." (Sticherón en Tono 8, Primer Miércoles de la Gran Cuaresma).

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